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Sahagun-
Burgo Ranero
ESTAMOS
EN SAHAGUN
Son las 8.30 de la mañana y el
tren se detiene en Sahagun, la emoción me embarga, esto es ya una la
realidad. Hace un sol espléndido , pero un frío intensisimo, empezamos
bien pense. La estación esta solitaria, solo nosotros y un par de
pasajeros mas que bajaron en el mismo tren rompemos la quietud de la
estación.
Estacion de Sahagun, hemos llegado , pero hace un
frio terrible .
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Decidimos hacernos unas fotos para inmortalizar
nuestra llegada y realizamos el primer trabajo serio del día, buscar un
bar. Nos costo un poco conseguirlo, pero finalmente lo encontramos.
Tomamos un croisant y café con leche. Allí precisamente, encontramos al
primer peregrino del camino recostado sobre la barra del bar. Venia de
Roncesvalles y se le veía cansado. No dudamos en comentarle nuestra
condición de peregrinos, y por lo tanto colegas, el comentario que
recibimos, fue: estáis muy nuevos.Mas adelante, entenderíamos el
significado, y el porque de esa respuesta, cuando días mas adelante el
cansancio del día a día se dibujaba en nuestras caras y lo sentíamos en
el fondo de nuestras almas.
Y llego el momento de emprender el camino, pero
primero teníamos que encontrado. La verdad es que no nos costo
demasiado, ya que estabamos sobre él y no nos dimos ni cuenta. La clave
fue el encontrarnos a un peregrino de los de verdad, pantalón corto, a
pesar del frío que hacia, pañuelo a la cabeza, bordón en sus manos,
enjuto todo el y extranjerisimo por su apariencia. Nos saludo ,le
saludamos y me sentí pletórico, estabamos en el camino, la cosa estaba
hiendo tal y como lo había imaginado. El peregrino desapareció
rápidamente a través de las calles de Sahagun,
El
inicio del camino, es la primera concha y
todo son
ganas por empezar a caminar.
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Allí sentí la primera gran
emoción del camino, al toparnos clavado en el suelo, un mojón con una
concha. Era la primera de las muchas que veríamos posteriormente.
Estabamos en el camino, solo había que seguirlo. La impaciencia se
apodero de mí, quería empezar a andar ya.
Mas adelante, comprendería
que la paciencia es una de las mejores practicas con las que te has de
armar si quieres hacer el camino o llegar a tu destino en condiciones.
Mas adelante tuve ocasión de comprobarlo.
Y empezamos a andar, salimos del pueblo después de
cruzar el famoso puente sobre el río Cea en donde cuentan las crónicas ,
justo a la salida del puente se celebro una gran batalla. Carlomagno,
perseguía al sarraceno Aigolando en su afán de eliminar a todos los
infieles el camino. Se enfrentaron allí mismo y más de 44.000 cristianos
perdieron la vida. Así mismo ,Carlomagno perdió alli su caballo.
Enfilamos por un sendero artificial de piedra
molida presuntamente para facilitar la marcha. Era horrible, ya que los
pies no se asentaban bien al terreno, produciendo mas sufrimiento que
bienestar. Vimos más peregrinos caminando delante de nosotros, se les
notaba la veteranía y pronto desaparecieron de nuestra vista,
evidentemente ellos por delante.
El día seguía espléndido con un sol precioso pero
el frío continuaba, a estas alturas tuve que ponerme la capucha del
anorax ya que se levanto un aire muy intenso y frío. Al menos las
predicciones meteorológicas, no se estaban cumpliendo, ya que las mismas
nos indicaban lluvia. El viento lo impedía, aunque no sé que era peor
lluvia sin viento o viento sin lluvia.
Después de pasar por Calzada del coto, llegamos a
la ermita de la Virgen de Perales, llamada popularmente La Perala, de
gran devoción por estas tierras. Mas adelante llegamos a un pueblo
llamado Bercianos del Real Camino, un pueblo realmente autentico tal
como los tenia idealizados antes de empezar el camino.
Estabamos cansados ya que íbamos realmente rápidos
y decidimos parar en algún bar. El concepto de bar por estos lares, es
algo diferente al que nosotros conocemos, ya para encontrarlo, tuvimos
que buscarlo afanosamente y apartarnos ligeramente del camino. El bar
era autentico y el ir al lavabo una autentica aventura. Había un
grupillo de presuntos peregrinos almorzando. Allí nos pusieron el primer
sello. Es costumbre, que los bares que se encuentran en el mismo, tengan
sello propio. Un tema de marketing supongo, pero eso no me quito la
emoción de sellar por primera vez.
Al reemprender el camino, note algo extraño en el
pie, se trataba de mi primera ampolla, empezaba pues bien la cosa. Seria
el primer de las numerosas trabas que me encontré a lo largo de esta
aventura.
El paisaje seguía siendo monótono, plano y
desolado, hasta tal punto, que no pude evitar él emocionarme al ver allí
en medio de la nada impertérrito un solitario árbol, ajeno a la nada que
le rodeaba. Era una lección de supervivencia.
Ya próximos al destino, pude ver unos lagos con
patos salvajes, no pude evitar el compararlos con los que tenemos en
nuestros lagos municipales, vaya diferencia. Parece ser que allí es
donde aconteció el famoso episodio del peregrino devorado por lobos.
A medida que íbamos llegando, nuestro ritmo se
hacia cada vez más rápido, incluso nos permitíamos el lujo de perseguir
y alcanzar peregrinos. Que error tras error. Como si el camino se fuera
a acabar.
Llegamos a Burgo Ranero y de esa guisa, al refugio.
Era el primer refugio que veíamos. Estaba hecho enteramente de Adobe,
una especie de mezcolanza de barro y paja, por dentro era realmente
rústico, con vigas de madera , una chimenea en la planta baja, y en la
planta superior, se encontraban los dormitorios, dos grandes
habitaciones con literas.
Llegada a Burgo Ranero , es el fin de la primera
etapa , sin embargo las ranas no se oyen .
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Allí dejamos las pesadas
mochilas y pude evaluar los primeros estragos del camino. Pies doloridos
y amago de ampolla. Fue el primer golpe a mi prepotencia. Si esto era lo
que pasaba en los primeros 18 Km, que pasaría en los restantes 380 Km?.
Me puse un parche de plástico que me dio Jesús
(todavía no era un experto en reventar ampollas) y fuimos a tomar como
no una cerveza en lo que presumiblemente era el único bar del pueblo.
Albergue de
Burgo Ranero . Hace sol pero
mucho frio.
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Burgo Ranero, es un pueblo de los de antes. Lo de
ranero, parece que se debe a una charca próxima, en donde las ranas
cantan sin ningún tipo de complejo. El pueblo es muy acogedor y se
respira paz y tranquilidad por doquier. Un sitio perfecto para perderse.
La iglesia era diferente de lo que aquí estamos acostumbrado. En el
campanario, tuvimos ocasión de ver cigüeñas, las primeras de las
muchisimas que veríamos.
Llegamos al bar ateridos de frío y nos
recompensamos con unas cervezas y unas patatas fritas con ajos. Un
invento realmente delicioso. Por cierto repetimos.
Preguntandonos por donde ir a comer ,me acorde que
en mis planos tenia una indicación de “ir a comer a casa de la Sra.
Mercedes”, fonda Lozano, y eso hicimos.
Fue el primer gran encuentro del camino. La fonda
es una casa particular, el comedor es el propio comedor de la casa.
Cuando entramos dentro pude respirar ese ambiente de paz sosiego y
tranquilidad que hace años no encontraba.
Estamos con la Sra Mercedes
el orujo todavia no ha aparecido. Que mujer.
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Para sorpresas, la que me lleve al reconocer en
uno de los albums, a Emilio del Tritón (centro de buceo de la costa
brava). Emilio había pasado por allí con Lotti, su mujer. Me sentía
extraño el verlos allí en la foto totalmente desvinculados del ambiente
marinero en el que los conozco. Que cosas tiene la vida.
De la comida que puedo contar, deliciosa en su
propia sencillez. Casera , pero no casera de restaurante , sino de casa
,de casa suya. Ella se sentó con nosotros mientras comíamos y mantuvimos
una conversación entrañable. Me sentía extraño, hacia tiempo que no
tenia una conversación tan amistosa con una persona a la que acabábamos
de conocer. Estabamos empezando a sentir el camino?. Por cierto, ya he
encontrado el mejor orujo del mundo. Nos lo dio la Sra. Mercedes para
los postres.
Para los no muy entendidos, el orujo bueno, debe de
quemar en el estomago y no en la garganta, y eso es realmente lo que
estaba haciendo. Por cierto que en el mismo comedor comieron con
nosotros un par de curas, los cuales tampoco hicieron ningún desprecio
al vino y el orujo.
Después de la comida, volví al refugio a
descansar un rato. Allí le heche un vistazo al libro de firmas, cada
refugio tiene uno propio en donde los peregrinos expresan sus deseos y
sus emociones. Por cierto encontramos la reseña del Emilio de Tritón,
no habían dudado en colocar una etiqueta adhesiva del club de buceo. Que
hacia una etiqueta de un club de buceo, allí en medio de la provincia de
León ? Bueno hay gustos para todos.
Me dedique aterido de frío a inaugurar mi libreta
de anécdotas, y allí en aquella mesa de aquel albergue descubri como
sacar agujetas a mi mano a base de tanto escribir y escribir.
Después del descanso y una vez repuestos, fuimos a
dar un corto paseo por el pueblo. Recorrimos sus calles vacías, su plaza
mayor, la cual no era mayor que la más pequeñas de las plazas a las que
estamos acostumbrados en Barcelona, pero eso sí, mucho más autentica, y
finalmente decidimos ir a la estación de tren del pueblo, la cual se
encuentra situada a un Kilometro de distancia ,al que se llega andando
a través de un camino de tierra. Me pareció volver a mi infancia, cuando
paseaba al atardecer durante mis vacaciones por algunos pueblos de
Andalucía, mientras el sol se ponía en el horizonte
Al volver, encontramos a un payes arando la tierra
con su hijo de corta edad. En cuanto nos vio, se dirigió hacia nosotros
y nos pregunto si estabamos en el albergue, desde luego pinta de
peregrinos deberíamos de hacer. Resulto que el buen Señor, era el
hospitalero, nombre que se da a la persona responsable de un albergue.
Este trabajo es realmente duro y es voluntario. La premisa
imprescindible, es que debes de haber hecho el camino previamente para
optar a esta posición. Por supuesto ellos no cobran nada y eso si gastan
muchisimo de su propio tiempo. Que gran labor la de esta gente.
Dentro del refugio.Ni al lado de
la chimenea se esta bien.
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Volvimos al refugio, y Jesús se empeño en hacer fuego en la chimenea del
mismo. La verdad es que el frío era intenso y nos hacia falta algo de
calor. Fue un momento inolvidable, ya que mientras escribía, la chimenea
me iluminaba con su luz rojiza, dando un ambiente de lo más agradable
Llegaron unos cuantos peregrinos mas. Total
seriamos unos seis, uno de ellos venia en bicicleta. Finalmente apareció
el hospitalero con su mujer, su hijo y dos perros, Estuvieron un rato
charlando con nosotros, son gente muy agradable, nos explicaron los
problemas que en un pueblo como Burgo Ranero, pueden tener personas que
como ellos, se dedican al campo. Hablamos de subvenciones agrícolas y de
unas cuantas cosas más. Nos cobraron las 300 pts, que es el donativo que
cada peregrino dona para cubrir mínimamente sus gastos (cantidad
irrisoria), y nos advirtieron sobre la posibilidad de nevadas por la
zona, que era por cierto lo que nos faltaba por oír. Estabamos
preparados para todo menos para nieve.
Por la noche y visto el éxito con la Sra. Mercedes,
decidimos volver a probar la cena con ella, y no nos equivocamos, ya que
volvimos a triunfar. Allí cenamos con un peregrino de nombre Julián, el
cual venia de Roncesvalles y que comía por cierto como una lima. Comio
mas que nosotros dos juntos. Se comió una lubina entera enorme. A mí me
apetecían un par de huevos fritos con chorizo, y eso fue lo que me comí.
Estaban riquisimos.
La conversación fue muy agradable. Julián, nos
explico sus aventuras con las ampollas y otras lindezas más.
Evidentemente la Sra. Mercedes, se unió a nosotros. Corrió el orujo y
una maravillosa tarta que ella misma había hecho. Realmente se notan los
productos naturales pense.
Julián venia de Australia, es español, pero le
habían obligado a regresar a España para cumplir con el servicio
militar. Había venido unos meses antes para poder hacer el camino y
quedarse un tiempo en Santiago, ciudad en donde estuvo viviendo por
algún tiempo. A fuerza de conocer en Santiago a peregrinos, tomo la
decisión de hacer el camino para descubrir que es lo que movía a tanta
gente a hacer lo mismo.
Al acabar de cenar, nos encontramos con la no muy
agradable sorpresa de que estaba lloviendo a mares
Con un frío y un viento atroz ,mas la lluvia ,nos
metimos en el albergue y fuimos directamente a dormir. Vaya mañana que
nos espera, pense.
Nuestra primera noche de albergue no pudo ser más
“diferente”. Debido al frío tuve que dormir vestido, con saco y encima
una manta. Eso si con una mezcolanza de miedo e ilusión por lo que el
día siguiente pudiera depararnos . Dicho día, se perfilaba como una
nueva aventura . No había coche que pudiéramos utilizar y solo nuestras
piernas y nuestras ganas nos llevarían hacia nuestra siguiente etapa.
Esto era real.
Realmente durante el resto del camino, siempre nos
acompaño esta curiosa sensación de nunca saber que sucedería, no solo al
día siguiente, si no en las horas siguientes.
En cualquier momento una sorpresa agradable o no
podía desencadenarse en cualquier momento, colmándote de alegría o de
miedo y tristeza, como así sucedió.

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