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Arzua-Arca
Después de una apacible noche
sin demasiados ronquidos, excepto el de las personas que buscaban el
lavabo de madrugada y a oscuras, me levante a las 6.30 de la mañana y
salí al exterior en busca del lavabo. No hacia demasiado frío, pero era
extraña la sensación de andar de noche con el cepillo de dientes en una
mano y caminando sobre el suelo mojado.
Al regresar ya un poco más
despierto, me encontré con el grupo de maratonianos calentando ya
motores. Su objetivo era llegar al próximo refugio y si les quedaban
fuerzas continuar ese mismo día a Santiago.
Como dije antes, ese no era mi
plan. Quería una etapa tranquila y por eso espere a las chicas. Poco a
poco ellas se fueron levantando y desayunamos todos juntos. A eso de las
ocho menos cuarto, pudimos ponernos en marcha.
Maravillosas
corredeira.
El final se presiente.
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El camino hasta Arzua fue tranquilo y nos sirvió de
precalentamiento. Atravesamos el pueblo, y entramos en una casa donde
sellamos y descansamosunos momentos , eso sí, no vimos a nadie.
Hacia un sol espléndido, pero
ya sabia que aquello duraria poco, por lo que decidí tener a mano mi
capelina por sí acaso.
Entramos en unos bosques de
Eucaliptos preciosos , y pude saborear a una velocidad mucho más
tranquila todo lo que me rodeaba. En el grupo vamos, Ana Guillermina,
Kika y yo. Andábamos en medio de una agradable conversación, poco a
poco, pero sin pausas. Que diferencia con los maratonianos, aquellos
deberían de estar a esas horas besando al santo.
Las corredeiras en esta zona
son espectaculares, profundas y muy húmedas. De vez en cuando salíamos a
un claro del bosque para volver a adentrarnos de nuevo en la espesura
del mismo. Mi rodilla ausente y mis pies perfectos, ningún problema.
Las corredeiras se
transformaban en lagos que teníamos que sortear. Kika cayo mas de una
vez en uno de ellos, y además para arreglarlo ,hacia rato que ya había
empezado a llover. Atravesamos pueblos preciosos con las mismas
característica de soledad y quietud que los anteriores.
Dejo de llover y un tímido sol
nos alumbro por unos instantes, lo que coincidió con el momento en que
encontramos unos campos llenos de flores. La primavera estaba ya cerca,
pero allí parecía que nunca se hubiera ido.
Kika y Ana cogieron varias
flores y se las pusieron en el pelo, el tiempo justo ya que empezó a
llover de nuevo. Era graciosos ver la imagen de los tres caminando con
la capelina puesta y en el caso de ellas las flores saliéndoles por
debajo de la capucha.
Definitivamente la primavera ya esta
aqui.
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Después de un monótono
recorrido por carretera, volvimos a enfilar el bosque. No habíamos
recorrido unos pocos kilómetros cuando nos llamo la atención una especie
de monumento o capilla situada a la derecha del camino. Se trataba en
realidad de una pared de piedra en la que había unas sandalias de bronce
y una inscripción. Nos paramos y la leímos , nos encontrábamos en
realidad ante un monumento de recuerdo a un peregrino que justo allí
había fallecido. La inscripción hablaba del nombre del peregrino y decía
que en aquel justo sitio se había encontrado con Dios, a un día de
distancia de Santiago. Nos envolvió una profunda melancolía. Que putada
pense, si al menos se hubiera muerto en Burgos o en León, pero no, fue
casi rozando con los dedos su objetivo final. Estuvimos un rato en
silencio, las chicas se quitaron las flores de la cabeza y las
depositaron allí mismo. Yo puse una piedrecita sobre el monumento, algo
que ya antes habían hecho cientos de peregrinos. Lo mismo que había
visto en muchos puntos antes durante el camino, lo mismo que vi en la
cruz de ferro, comprendí exactamente entonces el significado de lo que
es dejar una piedra, es difícil de explicar, muy difícil, pero lo
resumiré diciendo que algo de ti se queda allí.
Seguimos el camino descontando
ya kilómetros, ya que a esas alturas los mojones indicaban la distancia
que faltaba hasta Santiago. La lluvia era fuerte y esta ultima parte, se
estaba haciendo interminable. El cansancio eso sí, se veía mitigado por
la excepcionalidad del paisaje. Este era cada vez más bello, los
eucaliptos son imponentes y las paredes de musgo son de ensueño.
Estamos en
el final.Santiago esta ahi a la vuelta de la provincia .
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Precisamente en una zona en
donde la naturaleza se había vestido para que la hicieran una
fotografía, la maquina de fotos se me estropeo. Kika tuvo que hacer las
fotos por mí, con su cámara. Quede preocupado ya que veía la posibilidad
de no poder hacer fotos de Santiago cuando llegara y eso si que no.
Tenia que fotografiar todo aquello, y especialmente la clásica foto
enfrente de la catedral. Decidí comprar una cámara en cualquier sitio,
si pero en que sitio, si lo únicos que hay son bosques?
Decididamente cansados,
llegamos finalmente al refugio de Arca. Como era habitual en las
llegadas a todos los refugios, tuvimos que hacer el esfuerzo final,
consistente en este caso en tener que desviarnos del camino para llegar
al refugio, ya que el mismo estaba situado a 300 mts a las afueras del
pueblo. Esa distancia era para nosotros a esas alturas un esfuerzo
considerable.
Después de sellar y
acomodarnos, me fui directo a la ducha. Por cierto tuvimos que esperar
un buen rato a que una chica americana acabara sus quehaceres, ya que se
metió en la ducha comunitaria y decidió que era para ella solita, y
hasta que se vistió, no dejo entrar a nadie. De nada sirvieron las
protestas de la gente.
Por cierto no estaba nada mal
el refugio en cuestión. Los dormitorios eran estándar, pero el comedor y
la cocina son cómodos y acogedores. Nos fuimos a buscar algún sitio para
comer.
Tuvimos que andar unos 500
metros mas para llegar al clásico restaurante “recomendado”, el cual
estaba en el pueblo. Una vez allí encontramos comiendo al grupo de
maratonianos, que habían llegado bastante antes de nosotros. Ellos
habían decidido seguir y llegar a Santiago, cosa impensable para mí, en
esos momentos. Estaban casi a punto para la marcha, me despedí uno por
uno, citándonos en Santiago. Especial y emotiva fue la despedida de
Juan, me había ayudado mucho y a el le debo gran parte de mí ya mas que
probable llegada a Santiago. Gracias en donde quieras que estés.
La recomendación, como todas
las anteriores, volvió a funcionar y comimos muy bien, sopa, chuletas
con patatas y el inevitable orujo. Ya con otro carácter causado por el
estomago calentito, volví al albergue. Las chicas se quedaron en la
peluquería, Querían llegar a Santiago no solo en buenas condiciones
físicas.
Di toda mi ropa mojada a la
hospitalera para que la pusiera en la secadora, ya que estaba harto de
ir todo el día húmedo, y acto seguido me metí en la cama, eso sí, por
poco tiempo, ya que al rato oí jaleo risas y barullo. Como en realidad
tenia más cansancio que sueño, y ya había reposado bastante, decidí ir a
ver que pasaba.
Me encontré una escena que no
olvidare jamas, era un grupo de personas, “los coronarios”. Se trata de
un grupo de una treintena de personas ya maduritas que tienen una
característica común, todos y cada uno de ellos ha tenido un infarto de
miocardio y han estado apunto de hacer el otro camino, ese de del que ya
no se regresa.
Grupo de coronarios. Vaya marcha
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Venían haciendo el camino en
compañía de un medico y una enfermera. Todos eran de Pamplona, y
llevaban una marcha increíble, al menos en la la mesa, porque andando
no los vi. Llevaban cocinero y cada vez que llegaba a un refugio el
cocinero les tenia preparada la comida y la bebida. El medico era el más
simpático de todos, se dirigía a ellos como los señores conorarios e iba
siempre señores coronarios por aquí , señores coronarios por allá. Eran
simpatiquisimos , se ve que eso de ver el umbral ,da un nuevo punto de
vista a la vida.
Las chicas también llegaron
atraídas por tanto chibarri, y pronto estabamos todos sentados en la
misma enorme mesa, cantando, bailando y bebiendo café, porque el vino se
había previamente volatilizado.
El medico saco una guitarra y
se puso a cantar, cosa que hacia realmente bien. El resto de los
coronarios se unieron al canto y empezaron uno a uno a cantar en grupo.
Lo hacían de impresión, cantaban unas jota que helaban la sangre. A
Juanita se le saltaron las lagrimas mas de una ocasión y yo tengo que
confesar que me sentí profundamente emocionado. En cuanto a la
enfermera, era un poema, alta rubia vasca hasta la medula, se reía,
aplaudía cantaba mientras ayudaba en todo.
Mas tarde la hospitalera nos
invito a visitar la iglesia del pueblo, y allí fuimos todos, coronarios,
peregrinos medico, todos. Parecía una procesión en medio de la lluvia
que no cesaba de caer ni por un momento.
Yo iba graciosisimo con mis
zapatillas playeras y mi capelina. Llegamos a la iglesia, la cual es
realmente muy bonita y la hospitalera se lucio en explicaciones y
comentarios. Es curioso el observar la enorme concha dibujada en el
altar, era el preludio de lo que nos esperaba mañana, es decir, la
entrada a Santiago.
A la vuelta pude comprar una
maquina de fotos casi de juguete, pero suficiente por si la mía no
volvía a funcionar. Total 2.000 pesetillas de nada, toda una inversión
si mi maquina finalmente se negase a hacer fotos en Santiago.
Fui a buscar la ropa, pero
todavía estaba húmeda, la verdad es que la secadora es un poco
ineficiente y detrás de mí había gente esperando su turno. Me puse a
escribir y se me hicieron las 11 de la noche, mi ropa estaba aun húmeda
y yo con un hambre de impresión. Los coronarios nos invitaron a cenar
conejo con tomate que traían, cenamos con las chicas y otros peregrinos
,allí mismo en el comedor.
Al
día siguiente quería salir muy temprano, ya que quería ir a la misa del
peregrino, que se celebraba a las 12 en Santiago, por lo tanto tenia que
llegar allí a esa hora. Eso suponía salir a las 6 de la mañana. Les dije
a las chicas que iría solo ya que ellas tenían intención de salir mas
tarde, ellas ya podrían ir a la misa del peregrino del día siguiente,
que es cuando tenia previsto volver en avión.
La pareja de americanos (la de
la ducha), y Jose Luis el otro medico del grupo de los maratonianos que
había decidido quedarse allí, me dijeron que querían venir conmigo a
Santiago por lo que quedamos para el día siguiente.
Como fin de fiesta fuimos todo
el grupo de peregrinos, total unos veinte, a un pub cerca del albergue,
en donde, me tome mi primer cubata de hace mucho tiempo, casi nos
cierran el albergue, ya que llegamos tardisimo.
Por fin mi ropa esta casi
seca, pero los que esperan en la cola tendrá que seguir el camino
húmedos. Me fui a dormir en medio de una descomunal bronca entre
peregrinos que intentaban dormir y otros que aun estaban de fiesta. Por
cierto a José Luis lo perdimos de vista y ni tan siquiera durmió en el
albergue. Antes de irme a dormir se me presento un chico que dormía al
lado mío, era de Barcelona y vivía justamente en la Zona Franca, venia
desde Burgos y me contó que para él, el espíritu del camino acabo en el
momento en que piso Galicia. Parte de razón tiene, demasiada gente
quizás, pero bueno cada parte del camino tiene su característica, lo que
si estoy de acuerdo con el, es en que el misticismo que viví en León, no
volví a verlo mas.
Posteriormente una vez acabado
el camino, no tengo mas remedio que estar desacuerdo con él. Santiago
fue en realidad tan solo una meta. El camino se encuentra en el propio
camino, y no en un lugar concreto.

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