Descorazonado, llegue a
Monforte de Lemos, una ciudad realmente grande. Lo primero que hice, fue
controlar donde estaba la estación, y pagar el billete. Menuda broma, ya
que fueron unas 20.000 ptas. Resulta que el único sitio que el vendedor
de RENFE pudo conseguirme, fue una especie de camarote particular usado
en caso de emergencia por las autoridades, eso si se me antojo muy
cómodo, tenia hasta ducha, lo cual en un tren de estas características,
es una autentico lujo.
Cojeando visiblemente intente
dar una vuelta por la ciudad para matar el tiempo, ya que resulto que
eran las 11 de la mañana y el tren no salía hasta las 11.30 de la noche,
es decir, todo un día de meditación.
Mi cabeza daba vueltas
tratando de buscar explicaciones, soluciones, alternativas, esto no
podía acabar así, sabia que si no tomaba acciones reales, el tiempo
pasaría y ya nunca volvería al camino, es muy duro volver a prepararlo
todo otra vez, buscar billetes, vacaciones, etc.
Absorto en mis pensamientos,
observe a una chica con mochila, haciendo lo mismo que yo hacia, no le
di mas importancia. Posteriormente fui al monasterio de las Clarisas, el
cual tiene un museo muy importante. Es un monasterio a la antigua
usanza, con monjas de clausura, torno donde dejar limosnas o comida, es
decir, de todo lo que esperas encontrar en un monasterio de esas
características. Observe como había gente que dejaba cestas de legumbres
y comida en el torno. El monasterio tiene todavía unas cuantas
monjitas, muy viejas ellas, según me comentaron, que vivían de tejer
impresionantes bordados.
Como no había turno de visita
hasta la tarde, volví a caminar o cojear, y me encontré de nuevo a la
chica de la mochila. Los dos nos quedamos mirando, parece ser que el
camino imprime algo especial, porque de seguida nos preguntamos casi a
bocajarro el uno al otro si veníamos del camino. Resulto que así era.
Ella lo había dejado en Sarria y estaba esperando un autobús para volver
a su casa,
Estuvimos juntos hasta las
cinco de la tarde, fue un gran alivio el encontrarla ya que pude olvidar
por unas horas mis comidas mentales.
Hubo un feeling muy bueno, y
en el poco tiempo que estuvimos juntos, nos contamos nuestras vidas con
pelos y señas. Ella trabaja en un pueblo pequeño de Galicia, es
funcionaria del ayuntamiento, y quiere conocer mundo. Me recordó
muchisimo a nuestra querida amiga hospitalera de Mansilla de las Mulas.
Que diferente debe de ser la vida en una población pequeña, comparada
con las grandes ciudades, la sensación de prisión que observe en ambas
chicas fueron idénticas.
Nos despedimos a la orilla del
río de Montforte, y yo seguí con mi pasatiempo favorito, es decir,
seguir esperando el tren de la noche.
Fui a cenar a un bar cercano a
la estación, y lo acerté. Probé un pulpo a la gallega digno de mencion.
Posteriormente me senté en el anden y deje llegar la hora.
El tren Estrella de Galicia,
llego en punto. Me acomode en mi estupendo camarote, y allí tome la
decisión que me faltaba, la pieza clave que estaba buscando, es decir,
algo tan sencillo como poner fecha a mi vuelta al camino , 16 de Mayo .
Me aferre a esa fecha como a un clavo ardiendo, a pesar de que en
Barcelona, los médicos tenían algo que decir al respecto.
El tren salió puntual y yo me
dormí enseguida, me desperté ya en Cataluña y una mezcla de tristeza,
depresión, melancolía se apodero de mí, me sentía derrotado aunque en mi
interior seguía luciendo la lucecita de la nueva fecha.
MI CAMINO
DE BARCELONA
Nada mas llegar a Barcelona,
fui a urgencias, allí me pusieron en tratamiento y me dijeron que mi
problema no era una tendinitis, sino una mezcla de una antigua rotura de
peroné, con un problema congénito de mis rodillas. La pregunta del
millón fue, en realidad ni tan siquiera dije si podría volver a caminar
bien, simplemente les dije:
El día 16
de mayo vuelvo al camino, que he de hacer para estar en condiciones.
La respuesta, fue una tanda
infernal de recuperación en la clínica, láseres, ultrasonidos,
estiramientos, ejercicios de musculación, etc.
El traumatólogo tenia sus
reservas, pero el fisioterapeuta me comprendió enseguida y me aseguro
que tenia realmente posibilidades de conseguirlo si no cejaba en mi
empeño, y eso hice, día tras día, en casa, en la clínica pensar en un
solo objetivo, 16 de mayo
No pude evitar pensar con
una mezcla de tristeza y alegría, durante el día de que tenia previsto
llegar a Santiago, que Jesús ya habría llegado. Trate de imaginarme la
escena. Podría yo vivirla?.
Los días pasaban y pasaban,
alguno de ellos sentía dolor en la rodilla entonces es cuando más
preocupado me sentía, ya que de hecho, no notaba mejoría.
El fisioterapeuta trataba de
animarme, contándome que esto era normal, ya que cada día no hacíamos
mas que tocar la rodilla y claro, esta se resentía. Yo por si acaso,
empece en casa a realizar o repetir los mismos ejercicios de musculación
que hacia en la clínica, utilizando un peso de mi cinturón de plomos de
2 Kg. Que metia en un calcetin, y asi sentado en el sofa repetia el
ejercicio una y otra vez.
Seguían pasando los días del
mes de mayo y tenia que tomar una decisión. Sin esperar la decisión de
los médicos, compre el billete de tren de ida y el del avión de vuelta.
La suerte estaba ya echada. En el trabajo empece a realizar los arreglos
para poder tener 10 días mas de fiesta.
Mientras tanto, empece a
realizar cortas caminatas por el bosque, con resultados satisfactorios,
pero eso sí, sin mochila y en trayectos de 5 Km
Para entonces mi rodilla
presentaba un precioso músculo, que seria el que me ayudaría a
sostenerla e intentar conseguir mi objetivo.
Llego la víspera de la marcha,
y todos los miedos el mundo acudieron a mi mente especialmente cuando
empece a preparar la mochila. Eso si yo ya era un profesional del camino
y sabia lo que me iba a hacer realmente falta y lo que no.
Me sorprendí a mí mismo cuando
al finalizar de llenar la mochila, la misma pesaba 4.5 Kg. Que
diferencia respecto a los casi 11 Kg de la primera vez.
Mi conclusión final del evento,
es que mi camino pasaba por Barcelona otra vez. Eran demasiadas
casualidades las que me habían empujado hasta aquí, tuve que volver a
sufrir, volver a luchar para ganarme el derecho de volver al camino, y
casi estaba apunto. De hecho yo no había tenido la ocasión de ejercitar
demasiado mi rodilla andando, pero tenia una cierta tranquilidad.
Esta vez volvía con una
mentalidad nueva, sabia a donde iba, sabia a lo que me enfrentaba y
sabia lo mal que se podía pasar, pero no es la vida así? , Vamos a dejar
de vivir sencillamente porque a veces la misma no es como queremos?. No
es el camino en realidad un reflejo de tu propia vida?.
Me puse las botas con
tranquilidad, como si de una ceremonia se tratara, los cordones poco a
poco, bien puestos, la mente tranquila. Era el momento, lo sabia y me
puse la mochila, la ajuste también poco a poco, y me sentí preparado.
Ahora ya podía partir, no sé que, pero supe que tenia una nueva
oportunidad.
Por la tarde me dirigí a la
estación. Esta vez me acompaño Otilia. Xavi va durmiendo en su cochecito
ajeno a todo , siento la mochila en la espalda suave y ligera , mis pies
normales y mi rodilla tranquila.
Pronto llega el tren y sin mas
problemas llegue a la estación de Sants, eso si después de tenerme que
colar en el metro de Barcelona, ya que al ser domingo, no había cobrador
y las maquinas no funcionaban. Empezamos bien pense.
A diferencia de la primera vez,
esta vez no tuve que esperar al tren, ya que era el tren quien me
esperaba ami. Entre en el vagón y me encontré a un gallego, muy
chicharrachero el hombre, pero buena persona. Era la clásica persona
pendiente de todo lo que acontecía a su alderredor y dispuesto a ayudar
o informar a cualquiera que se le pusiera por delante con cara de
despistado.
El tren salió increíblemente a
la hora en punto. Esta vez el sol nos acompañaba, ya que la salida fue a
las cinco de la tarde. En el vagón encontre al clásico borde, al que
todo le molestaba, pero que no-tenia ningún inconveniente en molestar a
los demás. Después de un rato el cual no se me antojo pesado, y de una
parada de una hora en medio de la nada, una chica, empleada de RENFE,
convirtió nuestra estancia en un dormitorio.
Enseguida me dormí. Pronto las
interrupciones, la gente entrando y saliendo los ronquidos, me
recordaron que no estaba en un hotel precisamente, pero era en el fondo
divertido, era parte del camino.
