
Pronto cogemos una desviación
y abandonamos la carretera, por lo que parece ser que era el autentico
camino. Autentico si que lo era, a tenor de las piedras que
encontrábamos y de las empinadas cuestas que tuvimos que sortear.
En un recodo del camino,
encontramos a la pareja de peregrinos de Mansilla de las Mulas.Estaban
alli sentados mientras almorzaban tranquilamente y se curaban las
ampollas. Nos quedamos un rato con ellos, mientras tanto aprovechamos
para llamar a la familia con el teléfono móvil. Vaya peregrinos de
pacotilla pense, con movil y todo. No sé que habrían pensado de nosotros
unos cientos de años atras .
La pareja continuo camino ,
mientras nosotros descansamos un rato mas. Fue especialmente emotivo
para mi, el ver dentro de un cercado a una familia muy curiosa. Se
trataba de un caballo una yegua y un potrillo. Parecían y de hecho eran
una autentica familia.
Mi rodilla de peor en peor.
Pronto alcanzamos un tramo que se me antojo horrible por sus
características. Puedo asegurar que para mí fue el peor de todo el
camino. El mismo, desapareció y se convirtió en el arcén de la autovía
de entrada a León. Los coches iban rapidisimos y la distancia que nos
separaba de ellos, era de apena un metro. Todo el misticismo del camino
se había evaporado y nos vimos transportados a lo más crudo de la
civilización.
Ya a la entrada de León, vi
un puesto de la cruz roja y me pare a que me hacharán un vistazo a la
rodilla. Entre dentro e interrumpí una clase de reanimación. Sin
embargo, me atendieron dentro de una ambulancia situada a las afueras.
La chica que me vio, me dejo acongojado. Me dijo que la rodilla estaba
muy hinchada y que no la tenia nada bien. Me pusieron reflex por ponerme
algo y con algo mas en mi garganta que el cuello, llegamos al refugio
municipal de León.
Este refugio es la antigua
escuela de huérfanos de RENFE. Curioso refugio este. A parte de
perdernos para encontarlo, cuando llegas ya realmente cansado, tienes
encima que subir una serie interminable de escalones hasta llegar a
recepción.
Vaya broma de mal gusto, el
encontrar después de una etapa interminable esos escalones. Mi rodilla,
estaba en las ultimas y tanto se me notaba, que el recepcionista, me
hizo sentar. Menuda cara que debía de traer. Incluso me ayudo a llevar
la mochila a la habitación que nos toco en suerte, aunque más que una
habitación, aquello era un horno. Vaya contraste veníamos del frío y nos
meten en un microondas.
Este albergue, es el resultado
de las presiones a las que se sometió en su día al alcalde de León,
quien parece ser, pensaba que los peregrinos eran turistas cutres en
busca de ocasiones para no gastar dinero. Total que al final parece ser
que se decidió a montar este refugio, el cual se utiliza también para
otros fines y para acogidas de las más variopintas personas. El ruido
causado por otras personas acogidas en el refugio y que nada tenían que
ver con peregrinos, era importante, pero bueno, ya se sabe, dura vida la
del peregrino.
Después de una ducha y con la
moral, o lo que quedaba de ella por los suelos a causa de mi rodilla,
nos fuimos a comer. Nos dejamos caer por un restaurante cercano al
albergue, que nos habian recomendado. El restaurante se llama La casa
del Sr. Membibre, al menos el nombre prometía. Nos trataron realmente
bien, patatitas con cerveza de primero, con una paellita y un
churrasquito, todo eso por 900 ptas.
Allí me
paso una anécdota divertida, la señora del
restaurante, que por cierto parece ser que es otra de las joyas del
camino, me comento que era muy buena masajista, al menos eso ella
aseguraba, incluso contó una serie de anécdotas de gente que venían a
propósito a que les diera un masaje. Yo ni corto ni perezoso, le pedí
que me hiciera una demostración, a lo que la señora accedió de
inmediato. Ya me frotaba las manos pensando en un delicioso y
tonificante masajeo, cuando la señora me pidió que me tumbara en el
suelo del mismo restaurante, allí en medio de las mesas.
Ya la cosa me pareció extraña,
pero bueno, así lo hice y me tumbe boca abajo y espere sus manos en mi
espalda. Pero de repente la señora se puso encima de mí apretándome
contra el suelo en una autentica maniobra de aplastamiento. Durante unos
instantes, pense realmente que la paella el churrasco y el orujo me iban
a salir por las orejas, y eso fue todo. La buena mujer se levanto y me
pregunto que tal. La cosa había durado unos 5 segundos. Creo que
realmente la gracia del masaje, estaba en sobrevivir al peso de la buena
señora.
Después de comer fui a
urgencias en la casa de salud de León. Quería que le hecharan un vistazo
a mi rodilla. Me visito una doctora, que sin tan siquiera tocarme la
rodilla, me diagnostico tendinitis y de receta 6 días de reposo, y se
fue quedándose tan pancha. Seis días, como si me sobrara el tiempo, o no
tuviera otra cosa mejor que hacer.
Menos mal que el enfermero que
se quedo conmigo fue algo más comprensivo que el iceberg anterior, al
menos entendía la situación y así me lo dijo. Pedir descanso a un
peregrino, es como pedir la luna, me recomendó que fuera con el mayor de
los cuidados, ya que por entonces mi decisión de continuar, ya estaba
tomada.
Volví al refugio y ya mas
fríamente, empece a valorar la situación, veía que el camino para mí,
estaba pendiente de un hilo, ya que a pesar de mi voluntad por seguir,
me daba cuenta de que la rodilla no estaba demasiado de acuerdo conmigo,
ni mucho menos con mi voluntad.
Me di cuenta que si no hacia
algo, lo único que podría hacer es coger un autobús para Barcelona.
Decidí entonces saltar una etapa y llegar de la forma mas cómoda posible
al siguiente refugio de Villadangos del Paramo. De esa manera,
sacrificaba una etapa, pero me daba una oportunidad de llegar a
Santiago.
Hable con el hospitalero sobre
la posibilidad de quedarme una noche mas en el albergue, y accedió sin
problemas. Después cogería un autobús y Recuperaría esos 18 Km
Posteriormente decidí no
quedarme en aquel albergue, y salir a la mañana siguiente hacia
Villadangos, 18 Km en autobús, y allí esperar a Jesús con lo que
descansaría en realidad dos días.
Por la tarde fuimos al centro
de León, queríamos visitar la ciudad. La ultima vez que estuve aquí, fue
hace unos 6 años con Otilia y recuerdo a León con mucho cariño.
Andamos, yo me arrastre, hasta
llegar al conocido barrio húmedo, centro de todo lo que quieras
encontrar en León. Allí nos llevamos una sorpresa, nos habíamos olvidado
de que estabamos en Semana Santa, pero en Leon no, y nos encontramos de
bruces en medio de un paso de Semana Santa, pero de aquellos auténticos,
con caperuzos, virgen, autoridades señoras con peinetas y señores con la
típica capa castellana, tambores, trompetas y cientos de personas
situadas en las calles estrechísimas del barrio, lo cual hacia
imposible buscar una ruta de escape ya que nos encontrábamos
prácticamente

copados. Decidimos pues ir detrás del paso, hasta
encontrar una calle por donde girar.
La imagen era espectacular,
todos iban detrás del paso de punta en blanco y detrás de todos,
nosotros dos con una pinta de impresión, anorax, tejanos y en mi caso ,
barba sin afeitar desde Barcelona. Supongo que alguien pensaría que lo
nuestro era una promesa.
Decidimos dejarnos de
misticismos e ir a un bar llamado el Cafetín Este bar había sido de
una hermana de Jesús quien monto el mismo con su pareja de entonces.
Ella parece ser que lo dejo todo, pareja incluida, y se fue a vivir a
EE.UU. con un profesor de física.
El cafetín, es un bar precioso
con una decoración típica de los mas refinados bares de tertulias y,
además, es librería. Es decir, es algo así como una librería bar.
Nos tomamos algo llamado el
especial de la casa, que en el fondo era ron quemado, chocolate café y
nato, aparte de otros elementos sin identificar. Acabe tocado.
A todo eso y mientras
saboreamos “la especialidad”, por la calle no hacia mas que pasar un
paso tras otro. La estrechez de las calles hacia que creyéramos que el
paso se iba a meter dentro del bar. Eso si cuando pasaba uno de ellos se
bajaba el volumen de la música. Respeto ante todo. Era un cuadro
inolvidable, caperuzos, trompetas etc. pasando por fuera, y nosotros
dentro sentados viéndolos pasar con la musca bajita, y una copa en la
mano.
Esto de
la Semana Santa de León es autentico, la
gente corre de un sitio a otro para ver el paso de turno, porque en
realidad todos los pasos salen a la vez y el centro de León es un cumulo
de procesiones que incluso deben de ceder el paso las unas a las otras
cuando se cruzan por el camino. Por cierto nunca en mi vida había visto
tantisimas señoras con abrigos de piel de zorro, foca o lo de lo que sea
con tal que sea de piel.
Cuando salimos del bar,
intentamos visitar la catedral pero estaba cerrada a cal y canto, que
lastima, porque el rosetón visto desde dentro es impresionante.
Con ese desencanto,
seguimos paseando, pero estabamos rodeados por los pasos. Es
inimaginable esa sensación sino se esta allí. Decidí llamar a casa para
que Otilia sintiera los tambores y trompetas de su región. El ruido era
ensordecedor, por lo que finalmente decidimos buscar algún sitio más
tranquilo.
Siguiendo el consejo de los
camareros del cafetín, fuimos a un sitio llamado El Infierno en donde a
parte de tener una cierta garantía de comer bien, teníamos alguna
oportunidad de encontrar al ex cuñado de Jesús.
El infierno, es una típica
taberna en el más amplio sentido. Estaba a rebosar de gente, la alegría
y la amabilidad nos rodeaba por todas partes. Había mucha gente en la
barra picando, bebiendo y charlando, eso sí todos de punta en blanco. Es
un ambiente muy diferente al que estamos acostumbrados en Barcelona,
allí la gente realmente se relaciona socialmente en sitios como el que
nos encontrábamos, grupos, parejas, todos estaban allí disfrutando de
aquel ambiente.
Jesús
pidió algo llamado revuelto y morcilla. Como ya hace tiempo había
aprendido que los conceptos de aquí son un poco diferentes de los de
allí, fui a la barra y pregunte que es lo que habíamos pedido, entre las
risas de la gente de la barra que deberían de estar pensando, de donde
sale ese pardillo, eso si con cara muy amable. Nos explicaron, que
revuelto, era un platazo de chorizo pero sin tripa. Es como si cogieras
un chorizo enorme lo abrieras y pusieras todo el magro sobre un plato.
Espantado por el espectáculo
culinario que teníamos enfrente de nuestras narices, nos disponíamos a
no hacer demasiado el ridículo, y empezamos a comer vigilados por alguna
mirada disimulada de los parroquianos del lugar. Entonces apareció el
excuñado de Jesús.
Es un tipo simpático, amable,
agradable, con una cierta caída a bohemio de los años 70 u 80. En cuanto
vio el espectáculo de la mesa, no dudo en intentar parar en la cocina lo
que habíamos pedido y que se encontraba todavia por servir. Al no
poderlo hacer, ya que estaba casi a punto, no se le ocurrió otra
brillante idea que la de pedir mas comida.
Yo no sabia donde meterme. La
tortilla de atún, cezina, y otras virguerias, se añadieron a la mesa.
Todo estaba buenisimo, pero con lo que había allí podríamos alimentar a
todos los peregrinos que pasarían durante el próximo mes.
Despues de una charla de lo
más agradable, nos dispusimos a volver al refugio, pero sorpresa, un
nuevo paso de procesión, impedía la salida del local, y este era de los
largos. Era un paso enorme, con romanos y todo. Yo estaba algo nervioso
porque eran las once menos cuarto y el albergue cerraba a las 11.
Cuando hubo pasado el ultimo
romano, fuimos lo mas deprisa que permitía mi rodilla, a través de los
atajos que nos mostró el ex de Jesús, y así llegamos al refugio en
punto.
Fuimos a dormir, pero
pasamos una noche tropical. La calefacción estaba a tope. Tuve que
dormir desnudo y con la ventana abierta.
