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Palas del Rey - Arzua
Me levante muy temprano, sobre
las 6.30 de la mañana. A oscuras y procurando no pisar a las gallegas
que plácidamente roncaban en el suelo, me vestí y arregle. Hice la
mochila gracias a mi minilinterna, y a oscuras me tome un cacaolat y
unas pastas que había comprado el día anterior. Al bajar las escaleras,
me encontré con el grupo de maratonianos del día anterior, ya a punto de
partida, y decidí en un ataque de locura, unirme a ellos. Era noche
cerrada y empezamos el camino.
La velocidad era de vértigo,
habíamos oído que habría problemas de plazas en el albergue de Ribadisio,
ya que estaban los militares preparando tiendas de campaña para el
aluvión de peregrinos que se esperaba en agosto, y parece ser que ellos
estaban ocupando parte del albergue.
Caminabamos por la carretera,
cuando empezaba a amanecer, y ya a punto de adentrarnos en un bosque, vi
un bordón abandonado en el suelo. Lo cogí y decidí adoptarlo, me acorde
del que tuve que dejar en Cebreiro para volver a Barcelona. Parecía como
un relevo, decidí llevarlo conmigo hasta Santiago.
Las corredeiras son preciosas,
verdes y húmedas, el cielo es plomizo y sé que empezara a llover en
cualquier momento. En realidad, la lluvia es mi compañera de todos los
días, voy permanentemente húmedo, y es increíble que no me halla
constipado todavía, la ropa no se seca nunca en medio de este húmedo
ambiente.
Corredeiras preciosas. Que miras Juan ¿
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Noto molestias en la planta de
los pies. Es como un dolor sordo justo en la zona de las ampollas que
Juan me curo ayer, especialmente en la ampolla en la que me puse el
apósito de plástico.
Pasamos pueblos medio
abandonados. Todos parecen cortados por el mismo patrón. La lluvia como
no, aparece y los plásticos, capelinas aparecen con ella. Estoy hecho
un profesional en el arte de ponerme la capelina sin pararme de andar.
Los andarines, siguen a una
velocidad intratable y mi pie empieza seriamente a molestarme.
Llegamos a un pueblo llamado
Melide, famosos en todas las guías de peregrinos por casa Ezequiel. Esta
casa, es en realidad una pulpería, una de las mejores de Galicia, y a
pesar de la hora, eran sobre las 10 de la mañana, decidimos no perder la
oportunidad de probar un pulpo a la feira.
Melide , el
mejor pulpo del mundo, y eso que son las 10 am .
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Encontramos la casa sin problemas, y entramos. Es
como una gran sala con largas mesas transversales en donde comer. No
había nadie a pesar de la hora, la buena señora empezó a prepararnos el
pulpo, lo cual le llevo su tiempo. Mientras tanto, el vino turbio empezó
a correr por la mesa.
Se me ocurrió entonces hechar
un vistazo al pire, y al quitarme el calcetín, me quede horrorizado.
Tenia una enrome ampolla, llena de sangre. La misma nacía en el dedo
gordo y se extendía unos cuatro centímetros. El apósito de plástico que
me puse en la ampolla el día anterior me había causado este desastre.
Juan me miro estupefacto, la
cosa podía ser seria, recordaba a gente parada durante días por ampollas
semejantes, y empezó a entrarme el síndrome de la rodilla. Cuando
entraba en la espiral de la desesperación, otro de los médicos que venia
con nosotros me salvo de la misma con una sencilla frase. No serás tú de
esos a los que le entran la llorera. Y decidí que no, que no iba a ser
de esos, a pesar de lo critico de la situación, Juan decidió intentar
curarme allí mismo.
Fue casi cómico, ya que allí
mismo estire la pierna en medio de la mesa llena ya de pulpo, y Juan
puso encima de la mesa, la jeringuilla, apósitos betadines y
esparadrapos. Era de foto decidí tomármelo por las buenas y entre pedazo
de pulpo y trago de vino, Juan vació la ampolla con la jeringuilla y me
inyecto Betadine. Volví a ver las estrellas mientras me agarraba a la
mesa con todas mis fuerzas para no gritar, eso sí con mi pedazo de pulpo
en la boca. Veía a los demás como de reojo me iban observando mientras
el pulpo que por cierto era buenisimo desaparecía de la mesa. Juan me
vendo el pie y me puse la bota, estaba asustado por la posibilidad de
quedarme clavado allí y no poder llegar a Santiago, pero solo se quedo
en susto, decidí que otros realmente estaban peor que yo e iban por
delante mío. Total este es el camino, no una excursión normal y
corriente.
Pedimos café de puchero y casi
nos desesperamos por la tardanza de la señora en prepararlo, los
peregrinos pasaban delante de la puerta y temimos no encontrar sitio.
Paisajes y
puentes irreales .
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Cuando conseguimos por fin pagar, emprendimos el
camino, eso si a un ritmo infernal, nunca antes habíamos ido tan rápido.
Menos mal que la cura de Juan funcionaba perfectamente, y el pie bien
vendado se comportaba bien.
Salimos de Melide, por cierto
un pueblo bastante grande, y entramos a unos bosques maravillosos de
eucaliptos. Esta era una de las partes más bonita que había visto. La
lluvia seguía cayendo y el camino era en ocasiones estanques de agua y
sobre todo un barrizal. Estaba calado hasta los huesos, y el barro me
llegaba hasta las pantorrillas.
La velocidad era en ocasiones
de 7 Km por hora, e incluso había tramos en los que nos permitíamos el
lujo de trotar. Pasábamos a los peregrinos e incluso alcanzamos y
dejamos atrás a un grupo de niños que hacían el camino sin mochilas y
que nos miraron anonadados, debieron de pensar donde van estas balas?.
Por fin llegamos a Ribadisio,
decidí quedarme allí en lugar de Arzua, ya que nos comentaron que ese
refugio era muy malo. Muy diferente es el de Ribadisio, este fue uno de
los últimos refugios que funcionaron antiguamente en el camino. Ahora
esta reconstruido y es una maravilla.
Esta en un pequeño vallejo,
después de atravesar un puente de piedra por el que pasa un bonito río
de abundante y calmada agua.
Hay un prado enorme como el de
dos campos de fútbol, y el refugio, es en realidad varias casas
separadas entre sí. El problema, es que el cuarto de baño esta en otra
construcción y claro esto por las noches, es de lo mas incomodo.
Albergue de Ribadisio Otro cinco
estrellas .
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No hay ningún pueblo cerca
excepto Arzua, situado a tres kilómetros, y tampoco hay medio de comprar
comida, ni de comer si no lo llevas tu mismo encima.
Llegamos y el refugio estaba
cerrado, por lo que decidimos hacer cola por riguroso orden de llegada,
para evitar a los espabilados.
Esperamos dos horas bajo la
lluvia ateridos de frío, hasta que llego la hospitalera. Rápidamente
nos coloco en los dormitorios y me fui directamente a dormir.
Llego el tío de la chica
rubia que nos seguía en autobús. Llego impecable, sin una mota de barro,
seco y fardando de lo rápido que había andado, y tan rápido, ya que le
vieron bajarse en un taxi unos metros antes del refugio. En realidad,
este espabilado, estaba haciendo el camino de ese modo, nadie quería
saber nada de el.
Estuve a punto de engancharme
con el cuándo y a pesar de tener mi mochila sobre la cama, decidió que
la misma, o sea, la cama era suya, cambio instantáneamente de parecer
cuando le mire a la cara, con mis ojos hechando fuego. Se fue a otro
sitio, pero Juan al final se enzarzo con el. La verdad es que gente como
esta es de lo más indeseable, gente que ocupa las plazas de los refugios
sin haber andado desplazándose en coche. Es una forma de hacer turismo
barato. Pero a costa de los demás. Ya que cuando el albergue se llena,
el que llega tarde debe de buscar otro o dormir afuera, y eso después de
30 Km es muy duro, especialmente cuando sabes positivamente que dentro
hay gente que ni se han manchado las botas.
Después de levantarme, estaba
hambriento, pero no llevaba comida encima y allí no había nada a lo que
incar el diente, todos los demás miembros del grupo, estabamos igual. A
eso llegaron el grupo de niños que previamente habíamos adelantado, los
cuales llevaban toda una intendencia encima, y nos invitaron a comer.
Me sentía un peregrino de los
de la vieja usanza los cuales se mantenían de la caridad de los demás, y
en realidad así era, ellos compartieron sus lentejas, su pollo, sus
platos e incluso sus cubiertos para que pudiéramos comer. Gracias por
vuestra solidaridad.
Juan después de dormir abrió
la consulta medica y empezó su recorrido por los pacientes. Me curo la
ampolla, la cual no se veía nada mal, volvió a inyectarme betadine y
volví a ver la vía láctea, pero valía la pena, ya que la cura funciona.
Juan en plena labor de compostura de
pies.
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He decidido replantearme las
etapas para no forzar el pie, voy a distribuirlas de otra manera, para
que cada una tenga los mismos kilómetros, ya que había alguna muy corta
y otras enormes. El objetivo final es, sin embargo, llegar el día
previsto.
Por fin ha llegado el grupo de
chicas y menos mal que han encontrado sitio en el albergue, en mi misma
caseta. Vienen cansadas pero contentas. Juanita a pesar de llevar los
pies como un poema de ampollas, también ha llegado. Para que vaya
quejándome, pense.
Por la tarde hice un largo
paseo en medio de la lluvia, a través del prado y con mis chanclas. Es
una sensación muy especial el caminar por la hierba mojada colándose
entre las chanclas y acariciándome los pies. Tenia que tener cuidado de
que el vendaje no se mojara demasiado.
Rio de Ribadisio,tanta agua con tampoco
ruido. Quizas este sea el secreto de la vida .
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Me acerque al río y me di
cuenta que en realidad lleva muchisima agua y mi imaginación empezó a
volar. Fui caminando poco a poco, sintiendo la lluvia, sintiendo la
hierba baja mis pies, fueron unos momentos inolvidables.
En ese momento , aparecio Kika
quien venia de Arzua
Kika, de donde sacas tanta energia ¿
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El pie no me molesta, Juan ha
hecho un buen trabajo, y esto me llena de moral para afrontar la etapa
de mañana, la cual es decisiva. Si mañana aguanto, mi llegada a Santiago
esta casi asegurada, y me encuentro muy bien.
A la hora de cenar las chicas
y yo cogimos un taxi y fuimos a Arzua, ya que no estabamos para caminar
mas de lo estrictamente necesario. El taxista, nos llevo a un
restaurante “de confianza”, el cual resulto ser realmente bueno. Cenamos
sopa y unos maravillosos huevos fritos, con unas maravillosas patatas
fritas gallegas, con su chorizito, el mejor que he probado.
El camarero, nos contó su vida
de amores y desamores con su ex ya novia de Barcelona. Fue una manera
supongo de abrirse a alguien, y a nosotros no nos importaba en absoluto,
muy al contrario.
El remate fue el orujo,
botella especial, al mismo nivel que el de la Señora Mercedes del lejano
Burgo Ranero, buenisimo. Ahora llovía y a través de la ventana vimos
pasar a las tres gallegas que conocimos en Palas del Rey, iban mojadas y
su paso era cansino, parece que no encontraron sitio en el refugio, y se
dirigían al de Arzua, mala suerte pense.
El taxi vino a buscarnos y nos
devolvió al albergue, allí encontramos a la chica rubia Montse, a la que
le había desaparecido la cámara de fotos, iba desesperada buscándola, al
final no la encontró.
Oí jaleo a o lejos y me fui al
comedor, situado en otro edificio. Allí vi a varios preparando una
queimada de orujo y claro me apunte al instante. Me puse como una moto
de queimada. Angel el chico del enorme sombrero hizo fotos y lo pasamos
muy bien
Vaya queimada ,mente obtusa , alma
euforica .
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Le dije al grupo de
maratonianos que al día siguiente iría con las chicas ya que no quería
forzar el pie, al menos ellas iban más tranquilas, o eso era lo que
necesitaba al día siguiente, una etapa de tranquilidad y charla
agradable.

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