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Portomarin_Palas
del Rey
A las seis, ya estaba
despierto, pero sorprendentemente no era el primero, ya había gente
preparándose y dispuesta para la marcha. Hice lo propio y cuando vi que
las chicas se lo tomaban con calma, decidí irme solo. Además, tenia
ganas de meditar en soledad durante el camino. Les dije que las vería en
Palas del Rei y emprendí la marcha.
A las siete en punto estaba ya
caminando, me embargaba una sensación de bienestar, mi cuerpo estaba
perfecto y de la rodilla ni idea.
Estaba amaneciendo, es decir,
caminaba entre dos luces. Enfile la plaza del pueblo y salí de la ciudad
a través de una empinada bajada, las flechas amarillas, me dirigieron a
un estrecho puente de metal que atraviesa todo el pantano y me adentre
en una montaña.
Salida de Portomarin. Una nueva etapa
comienza .
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Empezó una subida bastante
pronunciada pero soportable, y me adentre por una caballería preciosa.
El ambiente era húmedo y gris, y el paisaje enormemente verde. Oía tan
solo el sonido de los pájaros y allí solo, creía estar en otro mundo. La
caballería esta rodada de musgo por todas partes debido a la intensa
humedad y a la derecha una pendiente me permitía ver el valle, donde
poco a poco iba quedando cada vez mas abajo Portomarin.
La subida, se hacia cada vez
mas empinada pero me encontraba definitivamente en forma y disfrute
metro a metro. Pude ver abajo en el valle, el grupo de peregrinos que
habían salido del refugio antes que yo. Estabamos caminando en
direcciones diferentes, uno de los dos tendríamos un problema, menos mal
que de vez en cuando una flecha amarilla me indicaba que yo si estaba en
el buen camino.
Después de acabar mi idílico y
solitario pase por la montaña, conecte con la carretera nacional y volví
bruscamente a la realidad.
Camine por la misma a través
de un paisaje perfectamente olvidable. De pronto allá al fondo divise el
grupo de peregrinos que había visto caminandoen la otra dirección.
Los alcance en el momento en
que paraban a descansar, y entable conversación con ellos. No sabia en
aquellos momentos, que acababa de conocer a mis segundos gran amigos del
camino.
Era un grupo de ocho personas,
dos médicos, Juan y el otro no recuerdo su nombre, otro con barba que
venia de Roncesvalles y parecía un profesional en el arte de caminar,
una pareja de chicas de Albacete, que parecían maquinitas de andar y una
pareja de Mallorca.
No sabia todavía que estaba
ante un grupo de profesionales, diseñados para caminar a los que no les
importaba el cansancio, la lluvia o lo que fuera.
Juan, me pregunto si había
comido algo, cosa que no había hecho, ya cuando salí en Portomarin,
estaba todo cerrado. Me dio un par de galletas de chocolate que me
supieron a gloria y me dieron nueva energía.
Alguien hizo ese puente para que tu lo
pasees ahora .
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Emprendimos juntos el camino a
través de montaña y carretera. Eran como atletas. A una velocidad
increíble, se iban alternando sucesivamente en la cabeza del grupo para
ganar velocidad y tiempo. A pesar del esfuerzo, me sentía muy cómodo,
aunque un poco deprisa para mi gusto, pero a esas alturas todos
teníamos el síndrome del refugio, es decir, había que llegar cuanto
antes al siguiente refugio para conseguir sitio.
La velocidad era de seis
kilómetros por hora, muy rápida, cuando lo normal es cuatro kilómetros
por hora. Empezó a llover, y con esto comenzaron los problemas. Estrene
por fin la capellina, y a pesar de los pesares no molestaba tanto como
parecía. El problema es que al colocarte la capucha, perdía parte del
paisaje y veía el camino como a través de un túnel
Menos mal que en esta segunda
parte, me traje la gorra que Joaquín me aconsejo y así pude caminar sin
mojarme las gafas.
La
naturaleza, se prepara para la primavera
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Atravesamos una montaña preciosa con vegetación
baja, llena de flores de mil colores. La carretera por la que
caminábamos, estaba abandonada y no teníamos miedo a los coches, aunque
de vez en cuando, algún despistado se metía por ella. Sin embargo,
acostumbrados al ruido de las gotas de agua y de las botas al caminar
éramos capaces de oír el motor a gran distancia avisándonos los unos a
los otros.
Estaba entusiasmado por la
respuesta o mejor no respuesta de mi rodilla, sin embargo, aquel ritmo
iba a pasar factura en forma de ampollas, las cuales ya notaba
formándose en mis pies.
Teníamos hambre y en los
pueblos que pasábamos no había nada abierto, es decir, esos pueblos, no
tienen nada que ver con los que normalmente estamos acostumbrados. Son
pueblos muy pequeños, la mitad de las casas están abandonadas y nadie a
la vista, al menos de una forma aparente. De vez en cuando, vemos algún
viejo o vieja ocupado en sus quehaceres sin hacernos el menor caso,
supongo que habrán visto pasar por allí delante de la puerta de su casa
a miles y miles de peregrinos. Solo reaccionan ante unos buenos días,
pronunciado de una forma sonora y contundente.
La lluvia continuaba y por fin
vimos una especie de casa en medio de un vallecito que tenia pinta de
bar o algo parecido. En efecto así era. Después de dejar la mochila y
capelina en un recibidor, nos sentamos en un pequeño comedor. Comimos
pastas, café con leche y orujo. Pude relajarme un poco y comprobar y
admirar, las hermosas ampollas que se iban formando en mis pies,
La señora de la casa, una
mujer muy joven, se disculpo, ya que no había lavabo y tuve que hacer mi
pipí detrás de la casa mientras la lluvia caía sobre mí. Fue una
sensación muy particular.
Seguimos caminando, por
cierto, cuanto cuesta arrancar después de enfriarse. La parte no
cubierta de mis pantalones por la capellina, estaba completamente mojada
y mi cuerpo sudoroso por la falta de transpiración.
El grupo se estiro y quedamos
finalmente Juan, y las dos maquinitas de Albacete. El resto iban detrás
unos 100 metros. Palas del Rey parecía que no llegaba nunca. Por cierto,
aprendimos lo que significa el Km gallego. Cuando le preguntas a
cualquiera si falta mucho para llegar, siempre dicen un par de Kms, que
al final resultan ser el doble, por eso cada vez que preguntábamos la
distancia, después de la contestación replicábamos si eran Km gallegos o
de los normales.
Lluvia y
pueblos solitarios. Esto es parte de Galicia
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Finalmente llegamos a Palas
del Rey, y con ello al refugio. Palas del Rey se me antojo un pueblo
enorme y sin el encanto de los anteriores. Llovía a mares y para colmo
el refugio estaba cerrado, por lo que decidimos quedarnos en la puerta
haciendo cola para entrar. Fui al ayuntamiento a preguntar por la
hostelera, pero no sabían nada.
Al final apareció, era una
señora mayor y mal encarada, la diferencia entre los hospitaleros
anteriores y los que estabamos encontrando en esta parte del camino, era
patente, estos últimos parecían funcionarios, un trato frío distante y
encima con alguna regañina, pero bueno de todo hay por ahí.
El albergue por cierto estaba
realmente bien. En Galicia los albergue están subvencionados por la
Xunta, quizás por eso sentía esa sensación de funcionariado que
encontramos. Que diferencia con el refugio Gaucelmo de Rabanal del
Camino.
El refugio se lleno de
seguida. Me tome una ducha que me sentó de maravilla y después Juan
hecho un vistazo a mis ampollas. Juan no creía en cosidos ni nada
semejante. Su método era inyectar betadine en medio de la ampolla a
traves de una jeringuilla, por lo que fui a una farmacia a comprarla. Me
sentí un poco yonki cuando pedí la jeringuilla, pero me temo que no era
el primero a tenor de la naturalidad con que la farmacéutica me la dio.
Juan, empezó la preparación de
la inyección, mientras una chica rubia que hacia el camino en compañía
de su tío y que había sido inyectada previamente me miraba con una
sonrisa sarcástica mientras me decía, ya veras lo que te espera. Juan
inyecto el betadine en la ampolla y vi todas las estrellas del cielo,
todo sea por la causa pense.
Después de arreglarme un poco,
me encontré con las chicas que llegaban en ese momento. Me fui a buscar
una cama con ellas a una planta superior del albergue. Posteriormente
fuimos a comer a un restaurante cercano al albergue. Comimos por cierto
muy bien, lentejas que sabían a gloria, carne estofada y mi orujito como
no.
Mientras Juan pasaba de cama
en cama curando heridas y arreglando pies, ampollas, etc. , Kika hacia
lo mismo, los dos son personas maravillosas, en todos los refugios que
fuimos, nada mas llegar y antes de ocupar de ellos mismos, antes de
ducharse, antes de nada, se dedicaban durante un par de horas a los
demás. Que capacidad de entrega y sacrificio, puedo jurar que al llegar
a un refugio solo tienes ganas de tumbarte y descansar, hay que tener
una gran fuerza interior y grandes dosis de solidaridad para dedicarte a
los demás antes de dedicarte a ti.
Recuerdo en Portomarin, que la
chica rubia de la que había hablado anteriormente, se sintió
indispuesta. Su tío paso totalmente de ella, y Kika sin tan siquiera
quitarse las botas, llamo a una ambulancia y se la llevo a un hospital,
estando con ella toda la tarde, hasta que la dieron el alta.
Desgraciadamente para ella,
allí se le acabo el camino, ya que los médicos le prohibieron caminar,
sin embargo, ella siguió con nosotros etapa tras etapas, trasladándose
en autobús o taxis.
Su tío era la antítesis de
Juan y Kika, y pude comprobar la diferencia de caracteres y pude aimismo
dar gracias de que aun existieran gentes así en el mundo. Yo
desgraciadamente no soy así, pero ahora tengo una nueva referencia a
seguir.
Gracias Juan y Kika por ser
como sois probablemente nunca leeréis estas líneas, pero la semilla y el
recuerdo que habéis dejado por ahí, son de las que no se borran
Regresamos al albergue en
medio de la lluvia, y me puse a dormir durante un rato.
Al despertar, Ana me presento
al resto el grupo, especialmente un elemento increíble, delgado y enjuto
que trabaja en RENFE y tiene pinta de ido. Va tocado con un enorme
sombreo de peregrino y habla como si estuviera borracho, pero no lo
esta, a primera vista dan ganas de alejarte de el, ya que da miedo,
pero después te das cuenta que es una buena persona que esta allí como
nosotros por sus propios motivos, de hecho me lo pase muy bien con él
mas adelante.
Nos juntamos para acabarlo de
arreglar con un grupo de tres gallegas con una cara de despiste de
impresión. Como no tenían sitio para las tres, pusieron dos colchones en
el suelo y allí pretendía dormir transversalmente las tres una al lado
de otra. Sus nombres, Marta, Pili y de la otra no me acuerdo. Marta era
encantadora. Estuvimos todo el grupo hablando bastante rato y nos
hicimos una foto, todos juntos ya que aquellas horas fueron inolvidables
para todos
Marta nos hizo firmar a todos
en su bordón de peregrina
Por la noche, nos fuimos a
tomar una tontería, colacao con melindros de Melide, los cuales parecen
ser que son superfamosos, al menos estaban riquisimos.
La noche transcurrió sin
demasiados ronquidos, exceptuando los de una de las gallegas que alcanzo
por mérito propio , el calificativo de locomotora. Antes de irme a
dormir, cometí un error que me costaría al día siguiente un disgusto. Me
puse sobre una de las ampollas inyectadas previamente, un apósito de
plástico, recordando lo bien que habían funcionado anteriormente.

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