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Rabanal
del Camino - Ponferrada
Al día
siguiente “sorpresa”, estaba lloviendo. Me fui corriendo al lavabo para
evitar el overbooking, y después de hacer la mochila, otra sorpresa, eso sí,
una muy agradable sorpresa. Los hospitaleros, una pareja muy simpática de
belgas (los hospitaleros se turnan cada quince días), nos tenían preparados
el desayuno. Yo no daba crédito a lo que estaba viendo, no nos dejaron hacer
nada, ni tan siquiera poner ni la mesa, ni limpiar los platos, nada de nada.
Solo nos dejaron sentarnos y tomar un café con leche con tostadas y
mermelada. Esto es para aguantar lo que os espera hoy, nos comentaron.
Gracias hosteleros por todo.
Nos
preparamos para la lluvia colocándonos toda la parafernalia que teníamos
preparada al efecto, y cuando nos disponíamos a salir, dejo de llover.
Empezamos la marcha, sabemos que esta etapa es quizás la mas dura del
camino, pero vamos mentalizados. Vamos bien, nuestro paso no es rápido pero
es firme y seguro. El día es gris, realmente muy gris, un gris que no se ve
en la ciudad, y el frío, además, es muy fuerte, por lo que decido ponerme mi
forro polar.
Que
diferencia de situación entre la que estoy recordando, con la que vivo aquí
un 9 de agosto a las 12 de la noche en la terraza de una casa de Menorca,
justo al lado del mar, donde estoy escribiendo estas líneas. Que
afortunado soy de poder tener estas vivencias tan dispares y a sí mismo tan
relacionadas entre sí, ya que aquí al lado del mar y con una copa en la
mano, es como si estuviera volviendo a hacer el camino a medida que voy
copiando mi diario al ordenador.
El dia es gris.Nos espera una de las etapas mas
emblematicas y duras.
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Seguimos
caminando, el paisaje es estremecedor, Rabanal va quedando
detrás
nuestro envuelto en nubarrones grises y oscuros, es una visión surrealista.
La subida pronto empieza, es constante y continuada. Mi rodilla va
aguantando perfectamente a diferencia de otros días, supongo que el hecho de
ir cuesta arriba ayuda, ya que es en esta situación cuando el dolor es más
soportable.
La
maragateria se nos ofrece ahora en todo su esplendor y grandiosidad. Son 10
Km de subida constante, en medio de unos paisajes estremecedores. Es curioso
el ver a las negras nubes como se van apartando a medida que vamos subiendo,
es como si quisieran respetarnos. En realidad estamos rodeados por ellas y
la lluvia parece que aparecerá en cuestión de segundos, pero no es así, las
nubes siguen franqueándonos el paso, incluso decido el quitarme los
pantalones de plástico, ya que los mismos no me permiten transpirar, y estoy
empezando a mojarme en mi propio sudor.
Encuentro el numero 127 en un mojón de la carretera. Porque ha de aparecer
ese numero siempre en mi vida?, Y más ahora cuando estamos a punto de
coronar la cumbre mítica de Foncebadon, tan lejana para mi en Astorga,
cuando mi rodilla ya parecía haber llegado al limite.
Ahi esta , el 27. Siempre aparece
en momentos cumbres de mi vida .
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Este
numero me ha acompañado siempre a lo largo de mi vida. Empezó cuando hice
formación profesional en mis años mozos, cuando se me asigno el numero de
matricula 127. Después dicho numero, con su variante el 27, aparece siempre
en momentos clave de mi vida y ahora aparece aquí también. Toda una
premonición.
Mi
obsesión es poder ver la cruz de Ferro. Es una sencilla cruz de hierro de no
más de 30 cm de alto, completamente oxidada y colocada encima de un palo.
Esta “birria”, es, sin embargo, el monumento más emblemático del camino, ya
que la misma, se encuentra situada sobre un montículo de miles de piedras,
las cuales han sido lanzadas una a una desde hace cientos de años por los
peregrinos que conseguían llegar hasta allí. Esta era una forma de redimir
tus culpas o pecados, lanzándolos en forma de piedras hacia la cruz. Desde
que salí de Barcelona estoy obsesionado por poder llegar hasta aquí, y eso
es lo que me mueve. Si después la rodilla no me permite llegar a Santiago,
pues bien, ya veremos pero al menos llegare hasta la cruz.
Placas
de nieve nos acompañan en nuestro camino, somos afortunados de no
encontrarnos en medio de una tormenta que tantos disgustos ha costado a
otros peregrinos. El paisaje es completamente árido debido a las condiciones
meteorológicas que aquellos paramos deben de soportar, si aquí no te
encuentras contigo mismo difícilmente lo harás en otro sitio.
Llegamos
finalmente al abandonado pueblo de Foncebadon. Antes fue una importantisima
localidad del camino de Santiago .Documentos procedentes del año 1104 , asi
lo demuestra ‘ Pasamos por en medio del mismo.
Foncebadon es un pueblo fantasma,esta arriba del
Monte
Irago .
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Fue
realmente como volver a la edad media, las calles son auténticos fangales.
El asfalto no lo han visto nunca por allí. La mayoría de las casas están
derruidas o abandonadas, y el silencio es estremecedor.
Seguimos
nuestro alucinante cruce a través del pueblo, y de pronto apareció delante
de nuestras narices una de las leyendas míticas de Foncebadon, sus famosos
perros. Ya anteriormente habíamos sido advertidos del peligro que esos
perros representaban para los antiguos peregrinos, ya que incluso se habían
dado casos de ataques, tal como personalmente había leído en algunos diarios
de los albergues. Todo esto creía formaba parte de la mitología del camino,
pero aquel perro era real como la vida misma, nos ladraba de una forma
continuada y se acerco de una forma realmente amenazadora. Cuando se
abalanzó sobre mí, le amenace con mi palo dando un mazazo terrible al aire,
suerte tuvo el perro de que no le alcanzara porque sino , realmente habría
entrado en la mitología pero de una forma real.
Finalmente llegamos a las afueras del pueblo y aquí se nos ofrecían dos
posibilidades, o bien volver a la carretera, o ir por donde las flechas
amarillas nos indicaban. Estas ultimas señalaban un camino que nuestro
sentido común se negaba a seguir, ya que nos dirigía a campo traviesa y en
medio de charcas, lodos etc. hacia el medio de la montaña. A Jesús lo note
desorientado, por lo que al final tome la decisión de seguir por las flechas
y ver que sucedía.
La mitica cruz de Ferro , un sueño hecho realidad .
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Fue una sabia decisión, ya
que el camino nos condujo por unos senderos maravillosos, en medio de un
paisaje increíble, la subida era realmente fuerte pero valía la pena. Yo
presentía la cruz de ferro , sabia que estaba allí, esperándonos al final de
tanta cuesta, y de repente apareció a lo lejos.
Era maravilloso, lo había
conseguido, me puse a llorar de la emoción, no pude evitarlo fue una emoción
mil veces más intensa que cuando llegue posteriormente a Santiago. Cuantas
veces llegue a pensar que nunca llegaría allí, y sin embargo allí estaba.
Jesús se dio cuenta de todo y me dijo aquella frase que no podré olvidar.
“Nunca dude que llegarías aquí”. No sé de donde saco esta idea porque yo
realmente tenia mis dudas.
Esta cruz situada a 1504 metros
de altura ,es uno de los monumentos mas emblematicos del camino ,la
tradicion de tirar piedras es milenaria y anterior incluso a los romanos.
Como dije no es mas que una sencilla cruz de hierro sobre un mastil de 5 ts
de altura.
Alli a los pies de la cruz ,
puedes encontrar miles de piedras,muchas de ella gravadas y traidas desde
los mas remotos lugares del mundo. El mastil que sostiene la cruz , ha sido
cortado ya varias veces por lo que no me extraño ver a la guardia civil
vigilando.
Es la cima
de mis ilusiones.Mi rodilla no ha podido
conmigo .
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Llegamos al pie de la cruz, y
cumplimos con el ritual de dejar las piedras que traíamos desde Barcelona.
La verdad es que traía piedras de parte de mucha gente, unos que me lo
pidieron expresamente e incluso me trajeron su piedra, y otros que nunca
sabrán que tienen una piedra que les representa, allí en la cruz. Mi piedra
particular, viene de Calella de Palafrugell, exactamente de la playa del
Golfet, quise poner una piedra
Mi piedra. Viajo desde el Mediterraneo , hasta aqui.
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marinera allí, en medio de la montaña.
Nos
hicimos las consabidas fotos en la cruz, y pronto todo lo que había sido
subida, se convirtió en bajada. Esta es la peor parte para las ya
destrozadas rodillas de los peregrinos y más para la mía. La bajada es
realmente muy pronunciada, siguiendo la carretera .
Mi
rodilla se despertó y empezó el ritual de siempre. Pronto llegamos a un
pueblo, o lo que fue en su día un pueblo, llamado Manjarin. Del mismo solo
quedan ruinas. Cuando más absorto estaba en el camino, sentí el sonido de
una campana. Era una campana que sonaba por nosotros y para nosotros. Era
Tomas, el guardián del camino, el caballero templario que dejo todo en la
vida para irse a vivir en medio de la nada. Cada vez que pasa un peregrino
hace sonar la campana. Es maravilloso la sensación de saber que aquella
campana que ha sonado por miles de peregrinos, ahora esta sonando por mí.
Parece una tontería, pero en medio del misticismo que nos rodeaba, este
sonido tenia sus mal altos significados para mí. Entramos en el refugio para
cumplir con el ritual de tomar un café con Tomas y darle la propinilla.
Casa de Tomas, caballero templario. Vida enmedio de
la nada .
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El
refugio es alucinante, palabra esta que estoy utilizando con demasiada
profusión en mis memorias, pero es que realmente es así, un alucine detrás
de otro. Claro que para sentir ese alucine tu mente debe de estar de los mas
abierta y predispuesta, y claro estar en un sitio como aquel.
Los
aldrededores del albergue es un autentico barrizal. Dentro del albergue
había varias personas, las cuales se me antojaron hippies de los de Ibiza de
hace años. Una gran espada presidía la estancia principal, rodeada por dos
velas y con una imagen de la virgen presidiéndolo todo. Un intenso aroma a
incienso, envolvía el ambiente dando al mismo un misticismo conmovedor.
Después de tomarnos el café y de obtener el sello, un supuesto guardián del
camino, me puso un anestésico en la rodilla para poder aguantar la parte
peor de la bajada que justo empezaba ahora. Gracias guardián.
Del
pueblo , Manjarin , se sabe que fue un hospital importante de peregrinos en
el siglo XVI. Ahora es solo un monton de piedras.
Seguimos
bajando y de repente las flechas se apartaron de la carretera para
conducirnos campo a través en medio de una bajada endiablada sembrado de
piedras y tierra. Mi rodilla ya estaba en otra dimensión. Pero al menos
acortamos unos kilómetros.
Finalmente llegamos doloridos a un pueblecito preciosos llamado El Acebo.
Nos paramos a comer en un bar donde comimos realmente bien, a base de
bocadillos café y como no, orujo. Hay que señalar que este ultimo era
realmente muy bueno, solamente superado por el de la Sra. Mercedes allá por
el ya lejano Burgo Ranero.
El Acebo , precioso pueblo direccion a Ponferrada
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En el
mismo bar, nos encontramos a las parejas de Santiagenses. Estuvimos
comentando la jornada, y las visicitudes del camino. Después de la charla,
emprendimos nuevamente el camino a través de una no menos endiablada bajada.
Mi rodilla se había vuelto a recuperar gracias al descanso del restaurante.
Eso y el hecho de que me había convertido en un autentico experto en
utilizar el bordón para bajar, me hicieron bastante más fáciles las cosas.
Bajamos
por la calle mayor de el Acebo, hasta alcanzar un valle inolvidable y
realmente bonito. Es uno de los sitios más bonitos que nunca antes habia
visto. Me prometí que debía de volver allí. El paisaje lo componía una
pradera verde preciosa, y por doquier unos impresionantes robles centenarios
de mas de 300 años, algunos de ellos. Era un paraíso.
Encontramos a un matrimonio ya mayor, que se disponía a preparar una paella.
Estuvimos conversando un rato con ellos antes de emprender la marcha. Ya
alcanzada nuevamente la carretera anduvimos un buen trecho, hasta llegar a
un nuevo atajo.
Este
nuevo atajo era infernal, el mismo pasaba a través de la montaña con unas
pendientes muy importantes.
La
alternativa era clara, aquel tipo de terreno no daba para alegrías. Había
que bajar como pudiéramos, y así lo hice. Con la vista fija en Ponferrada,
allá al fondo del todo, empezamos una desenfrenada carrera, bajando y
bajando. Ya todo me daba igual, si había que romper algo ya se rompería,
rodillas piernas lo que fuera.
Demostré mi maestría en bajar a tres piernas, las dos mías mas el bastón y
realmente a Jesús le costaba trabajo él seguirme. Para colmo de males,
empezó a llover. Preparamos toda la parafernalia, y como no cuando lo
tuvimos todo listo, dejo de llover. Supongo que hay que agradecérselo al
Señor Murphy.
Ya
completamente hartos de tanta bajada, llegamos a Molinaseca, pueblo muy
bonito con una espectacular entrada a través de un no menos espectacular
puente. Yo me sentía realmente bien y ya había tomado mi decisión de llegar
el mismo día a Ponferrada. Anteriormente barajamos la posibilidad de
quedarnos en el albergue de Molinaseca. El resto de los compañeros de viaje,
ya no seguirían mas adelante y se quedarían allí.
Molinaseca como ya he dicho antes es un pueblo muy bonito, su calle
principal es estrecha y pintoresca, Esta lleno de bares a un lado y otro de
la calle. El ambiente es rural y huele a autentico. A medida que íbamos por
la calle, encontramos a otro compañero de fatigas previas. Se unió a
nosotros, y nos acompaño hasta llegar al refugio de Molinaseca, el cual
esta situado un Kilometro a las afueras del pueblo, todo un calvario para el
peregrino que después quiera volver al pueblo para cenar.
El
refugio era estupendo, allí sellamos y seguimos a través de un monótono y
estúpido recorrido hasta Ponferrada, se me antojo de lo más interminable.
Por fin
llegamos a Ponferrada, y de esa guisa al albergue, el cual por cierto estaba
situado en medio de la Plaza Mayor, plaza de la Encina para mas señas.
Ponferrada,Castillo Templario.Impresionante
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Es curioso, porque yo ya
había estado previamente allí mismo años antes con Otilia, en un bar en la
misma puerta del refugio. Como es el destino, quien me iba a decir que
repetiría el lugar en unas condiciones tan diferentes.
Mi
rodilla era ya de otra dimensión, me reía de mí mismo pensando cuanto tiempo
mas iba a durar en esas condiciones. Compartimos la habitación con dos
ciclistas muy majos ellos, que estuvieron enseguida de acuerdo que el camino
se hace andando, todo lo demás, caballos, bicicletas etc. , es otra forma
muy diferente de hacer el camino, y así lo reconocieron al afirmar que
querían volverlo a repetirlo caminando.
La
verdad es que los ciclistas, no se enteran del camino ni la mitad, es que es
realmente imposible. Velocidad significa perder la dimensión del detalle, de
la piedra, de la flor, es decir, la esencia del camino, solo piensas en
carretera y carretera, incluso muchos de los senderos por los que el
caminante transcurre no pueden ser recorridos por los ciclistas, que han de
contentarse con seguir por la carretera, y claro, es en esos senderos
precisamente donde encuentras las mayores satisfacciones.
Después
de la ducha y del sellado, por cierto la hospitalera era de Barcelona,
fuimos a dar una vuelta por la ciudad. Como no, estabamos en Semana Santa y
claro esta, las procesiones eran inevitables. Vaya ambiente que había, que
distinto es el estilo de vida de una ciudad como Barcelona con respecto a
pequeñas ciudades o pueblos como Ponferrada.
La
relación interpersonal aquí es una forma de vida. La gente hace vida en los
bares, se comunican, hablan. Fuimos al casino y claro, aquello era una viva
muestra de lo que acabo de escribir. Yo estaba absorto contemplando a la
gente como iba arriba y abajo de la barra, pidiendo vinos, cervezas de todo
en medio de un ambiente relajado y tremendamente familiar. Esta vida es la
que me gustaría vivir.
Después
de cruzarnos con las procesiones y de realizar las fotos de rigor, fuimos a
cenar al típico bar “recomendado” para peregrinos. No cenamos mal y después
nos fuimos a dormir, ya que estabamos realmente agotados.

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