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Villafranca del
Bierzo-Cebreiro
La
mañana empezó a pasar lentamente, esperando la hora en que Jato saliera
hacia Cebreiro. Casi llego a desesperarme con la espera.
Para
acabarlo de arreglar, aparecieron un grupo de alemanes que vinieron a ver a
Jato. Llegaron como un rebaño. Jato su mujer y las hijas les dieron un
aperitivo, y allí fui testigo mudo de los discursos, alabanzas a la obra de
Jato,etc . Eso sí, todo en alemán.
El jefe
del grupo hizo entrega de unos pins de una no me acuerdo asociación alemana
de peregrinos, para que pudieran ser vendidos en el albergue. Vaya negocio
pense , hubiera sido preferible que le hubieran dado directamente el dinero.
El
alemán que llevaba todo el montaje, junto con su esposa, parece ser que
furor atendidos en su peregrinación por las manos milagrosas de Jato, con
resultados mas que notables a tenor de la invitación a Alemania que les
hicieron, y que Jato y esposa aprovecharon. Por cierto, la mujer de Jato me
enseño las fotos de Alemania, como el que enseña un tesoro. Se refería a sus
amigos alemanes como sus segundos padres.
Yo ya
estaba negro con tanto discurso, viendo como pasaban las horas y allí no se
movía nadie. La sensación de inutilidad que tenia era impresionante. Con los
ojos iba buscando a Jato por todos lados y el claro estaba a su rollo. Jato
en ese momento, dio una muestra de su psicología, cuando se me acerco y me
dijo : esto es una buena cura de humildad para ti. Me dejo de piedra,
realmente si lo era, esas interminables horas allí sin nada que me ayudara,
sin medios para moverme, me dieron la oportunidad de aprender lo limitado
que uno puede llegar a ser, y en ese momento se me acabaron las tonterías,
pense que ya se arreglaría todo cuando tocara la hora de arreglarse.
Jato me
llevo al pueblo con la furgoneta para comprar sacos de cementos. Era ya el
colmo, como si uno no tuviera prisa, encima a cargar sacos pero bueno, la
vida es así y así lo afronte, en plan deportivo.
Finalmente parecía que la cosa se movía, era la una de la tarde, cundo
debíamos de haber partido a las 10 de la mañana. Le dije a una peregrina
Argentina curiosisima ella que hacia el camino con maleta de ruedas, si
quería subir al Cebreiro conmigo, ella dijo que si, ya que estaba en el
albergue recuperándose y de paso ayudando en el mismo. Por cierto que
durante el tiempo que estuve allí, también tuve la oportunidad de vender
recuerdos para turistas, junto con una chica que debido a una ampolla de
considerable condiciones se había quedado aparcada allí.
Jato
finalmente se subió a la furgoneta y le dijo a la Argentina si se podía
quedar un tiempo mas con ellos, ella sin rechistar bajo su famosa maleta y
se metió en el albergue.
Por fin
arrancamos y empezamos a recorrer la carretera llena de coches y de
peregrinos, pense que suerte la mía de poderme ahorra este trozo.
Posteriormente dejamos la carretera y justo en el inicio de la subida,
encontré a Jesús. No hacia buena cara y se le veía cansado, le dije a Jato
que parase la furgoneta, y me baje. Quería subir, aquel era el punto. Le
dije a Jato que nunca olvidaría aquella experiencia, y realmente creo que
será así, es difícil olvidar a una persona de esas características.
Empece a
andar al lado de Jesús. Todavía ivamos por la carretera, pero pronto las
flechas nos desviaron de la misma, y allí empezó una parte del recorrido
mas duro y bonito que recuerdo.
Después
de una leve bajada hacia un río, rodeado de flores y verde, empezó una
durisima subida en medio de castaños y a través de la primera corredeira que
nos encontramos. El suelo era de grandes losas de piedra y la pendiente
impresionante, para colmo, el sol lucia con toda su fuerza y el calor era
importante. El cansancio, solo era mitigado por la belleza de cuanto nos
rodeaba. Era imposible el ir deprisa habría sido un suicidio, tenias que
escuchar a tu cuerpo y darle el ritmo que pedía.
Llegamos
a un pueblecito minúsculo y allí en la fuente situada al lado del camino, me
sacie de agua. Las vistas eran preciosas ya que íbamos subiendo por la
ladera de una montaña viendo el valle a nuestra izquierda y las siguientes
montañas, enfrente nuestro, pero separados por una considerable distancia,
lo cual contribuía mas si se puede a la grandiosidad del paisaje.

Llegamos
a un mojón de separación de las provincias de León y de Galicia. Por fin
estabamos en Galicia, habíamos conseguido atravesar toda la provincia de
León. Nos hicimos la foto, pensando en lo cerca que estabamos, Que error el
mío, todavía faltaba una eternidad y muchisimo sufrimiento por mi parte.
Las
laderas por las que andábamos estaban sembradas de una hierba alta y verde,
la cual invitaba a saltar sobre ella, solo que si lo hacías, eras capaz de
llegar al fondo del valle por la vía de apremio. Así extasiados de tanta
belleza y de sed, ya que se había acabado el agua que Jesús y yo izamos
compartiendo de su cantimplora, llegamos finalmente al Cebreiro.
Desde
Cebreiro la vista es espectacular.
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La vista
es espectacular. Situados en el Cebreiro, puedes ver a espaldas tuyas un
enorme paisaje de la provincia de León, si giras 180 grados, ves lo mismo
pero de Galicia, esta ultima vista es grandiosa y te hace meditar el ver la
cantidad de camino que queda todavía por delante. Mi rodilla estaba muy mal
por lo que al llegar al refugio, pedí hora para ver al medico de guardia.
El
medico me vio, y sin ninguna duda me dijo que abandonara. El estado de mi
rodilla era penoso. Me dijo que hiciera lo que quisiera pero que ya no
aguantaría mas, había llegado al limite y a partir de aquí el proceso era ya
destructivo y con posibilidad de importantes secuelas posteriores, que
podrían desencadenar en irrecuperables. A todo esto, la enfermera que se
encontraba a su lado, iba asintiendo a todo con la cabeza. Yo ya estaba
curado de espantos y supongo que fue por eso que no me caí al suelo allí en
el mismo momento. Después de un vendaje que me hicieron, me fui a tomar
orujo y a meditar sobre el tema.
La meditación fue realmente
interesante. Conocía de etapas anteriores a un tal Francisco, un a persona
especial, muy especial. Vestía con chandal, su edad iría entorno a los
cincuentautantos y parecía sino el abuelo de todos, sí él mas maduro.
Gracias
a su carácter abierto y jovial pronto nos hicimos amigos. Francisco estuvo
en su día casado, tiene hijos, pero su mujer murió hace unos años. No se le
ocurrió otra cosa mejor que ser sacerdote, y en eso estaba.
Prácticamente había acabado sus estudios y esperaba ser ordenado para
junio. Realmente tenia una ilusión enorme por ese acontecimiento. Su
mentalidad es abierta y estaba bastante distante a las mentalidades que yo
al menos tengo estereotipadas del resto de los curas. Sus creencias y su
forma de ver los problemas de la vida, así como la involucraron de la
iglesia en los mismos, coincidían al menos desde mi punto de vista con los
de la teología de la liberación. Francisco, además, iba a ser coherentes con
dichas ideas, ya que su primer destino y quizás él ultimo, como él
confesaba, seria en un pueblecito perdido por Sudamérica.
No
recuerdo exactamente el país, quizás Colombia. Allí existe una sociedad
indígena que comparten maridos, mujeres, es decir, todos para o contra
todos, quizás un sueño, en nuestra cultura, una pesadilla para los niños
nacidos de unas relaciones como estas, ya que sin tener demasiado claro
quienes son los padres, al final quedaban en su mayoría a su merced y
totalmente desamparados, y eso es lo que Francisco quería evitar o al menos
ayudar a paliar.
Francisco estaba haciendo el camino por un motivo personal, que no voy a
desvelar aquí, ya que así se lo prometí.
Como
decía, pronto empece a filosofar sobre mí mismo para olvidarme de lo que yo
ya sabia era mi ultimo día del camino. Francisco había pasado por un trance
semejante, teniendo que dejar el camino debido a una tendinitis.
Pronto,
a nuestra conversación se unió Jesús y una botella de vino turbio. Yo
tengo una característica especial, y es que me encanta filosofar,
especialmente en buena compañía y con buen vino, y eso sucedió. Pronto la
conversación empezó a derrotar sobre la existencia o no de Dios, sobre la
resurrección o no de los muertos, es decir: Alguien puede imaginarse a un
casi cura al lado de un agnóstico como yo, bueno quizás no tanto, con Jesús
que al principio no decía demasiado, pero que al final se lanzo, y dos o
tres botellas por las que ya íbamos?.
No nos
quedo mas remedio que empezar a comer algo, para evitar males mayores. Aun
recuerdo a Francisco mirando al cielo y pidiendo ayuda a Dios para intentar
convencerme de lo que para él era evidente.
Enfrascados estabamos en la conversación cuando al final, Francisco me hizo
una proposición sorprendente. Me dijo: Tu vas a ayudarme hoy en la misa que
voy a celebrar. Me quede atónito, yo de monaguillo o algo parecido en una
misa?. Mi cerebro decía que no, pero acepte el reto, ya que así me lo tome.
Pronto
dentro del bar se unieron a nosotros otros peregrinos, los cuales estuvieron
de acuerdo y encantados de asistir a la misa, hay que tener en cuenta que
quizás yo era el menos creyente de las personas que allí estabamos.
Fuimos a
la iglesia del Cebreiro, una iglesia preciosa, en donde se dice se guarda la
sangre incorrupta de un milagro que acaeció por Cebreiro, cuando un
pastorcillo ofrendaba o rezaba a la virgen. Entonces un fraile se rió de el,
por lo parco de las ofrendas y entonces milagrosamente el vino de torno en
sangre. Este milagro fue muy famoso ya que incluso los reyes católicos
peregrinaron al Cebreiro.
Caliz regalado por los reyes catolicos
en conmemoracion del milagro del Cebreiro.
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Francisco lo preparo todo para la celebración, poniéndose de acuerdo con una
chica que hacia las veces de capellana o algo parecido.
La situación era virtual para
mí, pronto empezaron a sonar las campanas llamando a misa, y del pueblo
empezaron a aparecer peregrinos recién llegados como nosotros que
arrastrando los pies ocuparon algunos asientos en el interior de la iglesia.
Allí
apareció Francisco, vestido de blanco con un aspecto muy diferente al que
nos tenia acostumbrado. Nos comento que aquello no era en realidad una misa,
ya que el no estaba de hecho ordenado, pero que era casi lo mismo. Dentro,
nos encontrábamos un buen numero de peregrinos, entre los que se encontraban
nuestros amigos la pareja de franceses. Me sorprendió verlos allí.
El acto
fue diferente al que me imaginaba, en vez de una misa, aquello fue como un
dialogo entre Francisco y los que allí estabamos. En un momento determinado
me hizo salir al estrado, y me hizo leer unos pasajes de la Biblia, que
curiosamente hablaban de la resurrección, tema con el que no conseguimos
ponernos de acuerdo momentos antes ante nuestras botellas de turbio.
Virgen de Santa Maria del Real
Cada año mas de 30.000 romeros vienen a
visitarla.
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Todo se
me antojaba de lo mas surrealista, pero para las personas que allí estaban,
parecía de lo mas corriente. Canciones, charlas, todo se mezclaba en aquel
acto ya entrañable par mi.
Mi
rodilla ya no se recupero, el dolor era ya extremadamente fuerte e incluso
ya cojeaba visiblemente. Tenia en mente las palabras lapidarias él medico, y
esta vez presentí que tenia razón. Supe a ciencia cierta que tenia que
volver a casa. Francisco me hizo reflexionar sobre ello, ya que como dije
antes, él tuvo que abandonar en su día su propio camino, para volverlo a
emprender mas tarde. El problema era que tenia que buscar una salida a mi
situación. No podía abandonar así por las buenas volviendo a Barcelona y
dejarlo para mas adelante, si así lo hacia, nunca llegaría a Santiago.
Valore
la situación y decidí volver a Barcelona, pero no a acabar, si no a
recuperar mi rodilla y tan pronto pudiera, volver allí mismo y acabar el
camino. El riesgo de continuar era excesivo y tal como estaba mi rodilla no
creo que hubiera andado mas de unos pocos kilómetros.
Saque
humo a mi teléfono portátil, ya que lo importante ahora era buscar un modo
de regresar a Barcelona, tarea no fácil y más siendo final de Semana Santa.
Varios peregrinos me ayudaron en la búsqueda de opciones, me decidí
finalmente por intentar llegar a Monforte de Lemos donde hay una importante
estación ferroviaria donde la posibilidad de encontrar un tren era mayor.
Desestime la opción del avión ya que el próximo, salía cuatro días mas tarde
y yo necesitaba asistencia medica inmediata.
Finalmente pude contactar con Monforte de Lemos, y gracias al vendedor de
billetes que se puso al teléfono, pude conseguir la única plaza libre que
había en el tren del día siguiente. El vendedor necesitaba que me personara
allí inmediatamente para comprar el billete, pero lo cierto es que me
encontraba a bastantes kilómetros y sin transporte para llegar a Monforte.
El pobre hombre una vez que le explique mi situación, me prometio que me
guardaba el billete contraviniendo así todas las normas que el tenia al
respecto.
Después
de realizar todos esos tramites me fui a cenar con Francisco y Jesús.
Curiosamente no estaba demasiado desmoralizado, la evidencia de mi situación
me hacia estar relativamente tranquilo pensando que yo ya no podía hacer
absolutamente nada mas, había llegado al limite. Lo único que me consolaba
era mi firme propósito de volver cuanto antes.
Fiesta a lo
grande. Orujo ,vinos y chorizo.
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Empezamos a
cenar los tres solos, pero pronto empezaron a unirse mas y más peregrinos,
empezó alguno a cantar y pronto todo el bar era un clamor de gente cantando,
incluso los de la barra se unieron a nosotros cantando canciones gallegas,
mientras el vino, los chorizos, etc. corrían por doquier, un maravilloso
final de mi etapa.
Así envuelto entre los efluvios
etílicos, me fui a dormir, no pense en nada mas, excepto cuando un holandés
se acerco y me comento la posible causa de mis males. Me recomendó hacer un
curioso ejercicio, diciendome que me esperaba en Santiago, asentí que si con
la cabeza, pero sabiendo que no seria en la próxima semana. Aun recuerdo la
frase que me dijo: Pararse es morir.
Una vez
en Barcelona me di cuenta que el holandés fue la única persona entre tantos
médicos que me vieron, que acertó plenamente con lo que realmente tenia.

Novena Etapa
Cebreiro - Sarria
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